Las mejores distribuidoras que conozco no tienen el mejor sistema
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Las mejores distribuidoras que conozco no tienen el mejor sistema

Por Ermilo Vazquez

Hace unos años empecé a notar algo que me costó tiempo aceptar.

Conocía distribuidoras con tecnología muy modesta —un ERP viejo, un par de Excels y una persona que llevaba todo en la cabeza— que tomaban decisiones de inventario sorprendentemente buenas. Y conocía distribuidoras con el mejor stack del mercado, BI conectado a todo, dashboards que parecían naves espaciales, que tomaban decisiones promedio. Capital atrapado en producto que no rotaba, quiebres en SKUs que importaban, compras urgentes que no debían haber sido urgentes.

Al principio lo atribuía a la suerte, al tamaño, al sector. Pero el patrón se repetía demasiado para ser coincidencia. Las primeras no eran mejores porque tuvieran herramientas más buenas. Las segundas no eran peores porque les faltara software. Había algo más, anterior a la herramienta, que las distinguía.

Me tomó varios años entender qué era. Y cuando lo entendí, cambió cómo miro el oficio.

Lo que esperaba ver, y lo que vi en realidad

Mi suposición inicial era ingenua, pero es la misma que tienen la mayoría de los equipos que llegan a buscar tecnología: si conseguimos un mejor sistema, vamos a tomar mejores decisiones. La causalidad parecía obvia.

Lo que veo en realidad es otra cosa. El sistema, por sí solo, no cambia la calidad de las decisiones. Lo que cambia la calidad de las decisiones es cómo el equipo mira el negocio antes de mirar el sistema. Hay un puñado de hábitos mentales —no procesos, no software— que aparecen una y otra vez en las distribuidoras que deciden bien, y que están casi ausentes en las que no.

La buena noticia es que esos hábitos son aprendibles. La mala es que ningún sistema los instala por ti.

Voy a describir tres que veo aparecer con tanta consistencia que ya no me parecen casualidad.

Tres hábitos que aparecen una y otra vez en los mejores

Tres hábitos operativos

01

Inventario como capital

No preguntan solo cuánto stock tienen. Preguntan dónde está trabajando su capital y dónde está dormido.

02

Señal sobre ruido

Distinguen lo que importa de lo que solo llama la atención. No toda urgencia merece la misma reacción.

03

Criterio diferenciado

Tratan distinto lo que se comporta distinto: SKUs, proveedores, clientes y coberturas no siguen una regla única.

Hábito uno: miran el inventario como capital, no como bodega

Los mejores equipos de compras que conozco no preguntan “¿cuánto stock tengo?”. Preguntan “¿dónde está mi capital de trabajo en este momento?”.

Suena a una diferencia de palabras y es una diferencia de mundo. Cuando el inventario se ve como bodega, la conversación es operativa: rotación, días de cobertura, niveles de stock. Cuando se ve como capital, la conversación es financiera: cuánto dinero está atrapado en producto que no rota, cuánto está trabajando, cuánto cuesta tener cada peso ahí y no en otra parte. La primera conversación la lidera el Director de Operaciones. La segunda la lidera el Director General junto con el CFO.

Esa diferencia se nota en cosas concretas. En quién participa en la revisión semanal de inventario. En qué métrica se mira primero —si es nivel de servicio o si es margen sobre capital invertido—. En cómo se habla del producto que lleva ocho meses sin moverse: como un “exceso a liquidar” o como “capital que necesitamos de vuelta para invertir en lo que sí rota”. Los mejores distribuidores tienen este vocabulario instalado. Y porque lo tienen instalado, las decisiones que toman ven el negocio completo, no solo la operación.

Los mejores equipos de compras que conozco no piensan en SKUs. Piensan en dónde está su capital trabajando hoy, y dónde está dormido. Esa diferencia, sostenida en el tiempo, vale más que cualquier sistema que se pueda comprar.

Hábito dos: distinguen entre lo que importa y lo que llama la atención

En toda distribuidora hay ruido permanente. El cliente que llamó molesto por un quiebre. El proveedor que cambió un precio. El SKU que se vendió más de lo esperado esta semana. El correo del Director Comercial pidiendo que se priorice una línea nueva. La urgencia que aparece el viernes a las cuatro.

Los equipos promedio reaccionan a todo. Cada llamada es una pequeña crisis. Cada email es una prioridad. El día termina apagando incendios y la planeación de la semana siguiente nunca empieza, porque el lunes ya hay un nuevo incendio.

Los mejores tienen una jerarquía implícita que les permite distinguir, casi sin pensarlo, qué señales merecen una decisión y cuáles son ruido pasajero. No es que tengan menos urgencias —tienen las mismas—. Es que han aprendido a leer cuál de esas urgencias va a importar dentro de un mes y cuál se va a olvidar. Y solo reaccionan a las primeras.

Esa capacidad no viene del software. Viene de haber visto suficientes ciclos para reconocer patrones: que la queja del cliente más ruidoso a veces no representa al portafolio, que el SKU que se vendió mucho una semana puede ser un pico aislado, que el proveedor que avisó tarde no siempre amerita cambiar la política. Es criterio acumulado, y se manifiesta en una cosa muy concreta: lo dramático no siempre es lo importante. Los mejores lo saben y actúan en consecuencia. Los demás se agotan tratando todo igual.

Hábito tres: tratan distinto lo que se comporta distinto

Esta es la firma operativa más clara que he visto en las distribuidoras que deciden bien.

Los equipos promedio buscan reglas únicas. Una política de cobertura para todos los SKUs. Un nivel de servicio objetivo igual para todo el catálogo. Una frecuencia de compra estándar con todos los proveedores. Es comprensible: las reglas únicas son más fáciles de implementar, más fáciles de explicar, más fáciles de defender en una junta. Pero son matemáticamente subóptimas casi siempre, porque el negocio no se comporta como una regla única.

Los mejores tienen pocas reglas, pero las aplican con criterio diferenciado. Saben que un SKU A no se trata como un SKU C, que un proveedor crítico de Asia con lead time de 60 días no se gestiona como uno local con entrega semanal, que un cliente que representa el 15% de las ventas no se atiende como uno que representa el 0.3%. Esa diferenciación no la aprendieron en un curso —la construyeron mirando su propio negocio con cuidado, durante años.

Y es justo donde el sistema, cuando es bueno, ayuda más: en sostener esa diferenciación a escala. Cuando el catálogo tiene 3,000 SKUs, la diferenciación manual se rompe. Cuando hay un motor que respeta el criterio que el equipo definió y lo aplica todos los días sin perderlo, el hábito se vuelve sostenible. Pero el criterio, otra vez, no lo trae el sistema. Lo trae el equipo que lo construyó.

Lo que el sistema sí hace, y lo que no puede hacer por ti

Acepto que hablar de hábitos sobre sistemas puede sonar a “la tecnología no importa”. No es lo que digo, y vale la pena ser claro.

El sistema sí importa. Sin un motor de planificación que corra todos los días, los hábitos de los mejores son agotadores: requieren que alguien arme manualmente los reportes que sostienen el criterio, todos los lunes, todas las semanas, sin falla. Eso quema equipos. Y los hábitos, por más buenos que sean, se rinden ante el agotamiento.

Lo que el sistema hace, cuando está bien construido, es bajar el costo de mantener esos hábitos. Calcula el estado del inventario todos los días sin que alguien tenga que hacerlo a mano. Aplica la diferenciación de cobertura objetivo por categoría de SKU sin que nadie tenga que recordarla. Distingue entre la urgencia real y el ruido, y pone arriba del reporte lo que merece decisión hoy. El equipo deja de gastar energía construyendo el dato y la usa en lo único que un sistema no puede hacer: decidir con criterio sobre las cosas que sí ameritan decisión.

Lo que el sistema no puede hacer por ti es instalar los hábitos. No puede convencer al Director General de que mire el inventario como capital. No puede enseñar al equipo de compras a distinguir el incendio real del falso. No puede crear el criterio diferenciado por categoría si nadie en la empresa lo ha pensado nunca.

Esa parte se queda con las personas. Y por eso las distribuidoras que conozco con los mejores resultados no son necesariamente las que más invirtieron en tecnología. Son las que primero construyeron la forma de mirar, y después le pusieron un sistema que la sostenga.

El reencuadre

He visto distribuidoras con sistemas modestos y mentalidad clara superar a competidores tres veces más grandes con tecnología tres veces más cara. Y he visto lo contrario: empresas que compraron el mejor software del mercado y, dos años después, seguían tomando las mismas decisiones promedio que antes. La diferencia no estaba nunca en la herramienta.

Estaba en cómo miraban el negocio antes de prender la herramienta.

Eso no quiere decir que el sistema no aporte —aporta, y mucho, cuando los hábitos están en su lugar—. Lo que quiere decir es que el orden importa. Comprar tecnología esperando que instale criterio es, en mi experiencia, la inversión que más decepciona en este oficio. Construir criterio primero, y luego buscar tecnología que lo sostenga, es la inversión que más rinde.

Las mejores distribuidoras que conozco no tienen el mejor sistema. Tienen la mejor forma de mirar lo que ya tienen.

Y ese, en el fondo, es el activo más subestimado de la operación.

¿Qué hace distinto el mejor Director de Compras que has visto trabajar — y cuánto de eso, honestamente, depende del software que usa?

Ermilo Vazquez es co-fundador y CGO de Anastasia.ai — plataforma de planificación de inventario y compras para distribuidores y mayoristas en México y Chile.

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