Tienes el producto. Está en la sucursal equivocada
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Anaqueles de una farmacia con producto distribuido de forma desigual y una profesional revisando el inventario

SUPPLY CHAIN LATAM · MULTISUCURSAL

Tienes el producto. Está en la sucursal equivocada.

Son las nueve de la mañana en la sucursal norte y falta un producto que un cliente importante está pidiendo hoy.

El reflejo es inmediato: orden urgente al proveedor. Flete express si hace falta. Alguien anota el faltante como un problema de compra y la rueda gira otra vez.

Pero ese mismo producto no falta en la empresa. Está en la sucursal sur, a doscientos kilómetros, con semanas de sobra acumuladas que nadie va a vender pronto. La compañía no tenía un problema de inventario. Tenía el inventario correcto, en el lugar equivocado.

En una distribuidora de una sola bodega, un faltante casi siempre significa falta de producto. En una red de varias sucursales, cada vez significa menos eso. Y ahí es donde la mayoría sigue tratando un problema de red como si fuera un problema de compra.

El quiebre que en realidad es un sobrante

Cuando operas en varias sedes, tus faltantes cambian de naturaleza sin que nadie lo anuncie.

Deja de ser cierto que “no hay producto”. Lo que pasa es que el producto está mal repartido: sobra donde no se vende y falta donde sí.

El inventario total de la red alcanza; lo que no alcanza es la forma de moverlo. El quiebre en una sucursal y el exceso en otra son la misma foto, vista desde dos nodos distintos.

Los números de la industria dibujan el tamaño del desajuste. Un reporte de benchmark de gestión de inventario de 2024 midió un 38% de exceso de inventario promedio en pequeñas y medianas empresas. Es capital sentado, sí, pero también es producto disponible que no está donde lo piden. Y ese exceso convive, en la misma empresa, con faltantes en otras sedes.

Lo revelador no es que exista el desajuste. Es lo que se hace con él. Según los mismos benchmarks, solo el 27% de las empresas con sobreinventario mueve stock entre sus bodegas antes de pedirle más al proveedor. Dicho al revés: casi tres de cada cuatro le compran de nuevo a su proveedor un producto que ya tienen, en otra sucursal, sin vender. Es la reacción más cara disfrazada de la más natural: buscar el producto afuera, en el proveedor, cuando ya está adentro, en otra bodega de la propia empresa.

El mismo SKU, tres sucursales, tres verdades

El problema es difícil de ver porque cada sucursal tiene razón desde su propio escritorio.

El gerente de la sucursal norte ve un quiebre y pide reposición. Tiene razón: en su bodega no hay. El de la sur ve producto de sobra y frena compras. También tiene razón: en la suya sobra. El de la central ve un nivel más o menos sano y no hace nada. Ninguno miente. Cada uno describe con precisión su pedazo de la realidad.

Lo que nadie ve es el mismo SKU al mismo tiempo desde los tres puntos a la vez: quebrado en una, justo en otra, sobrando en la tercera. Esa vista —la de la red completa— no vive en ninguno de los tres escritorios. Y como no vive en ninguno, la decisión que se toma es siempre local: reponer donde falta, sin preguntar si ya existe donde sobra.

El resultado es una empresa que, sumada, tiene suficiente producto, pero que opera como si fueran tres empresas chicas que no se hablan. Cada sucursal es una isla. Y las islas compran por separado.

Un ejemplo ilustrativo lo hace concreto. Una distribuidora de autopartes con cuatro sucursales maneja un filtro de alta rotación. La sucursal norte lo tiene en cero, con tres clientes esperando; la central, en cobertura justa; la sur, con el equivalente a diez semanas de venta, porque hace meses alguien compró pensando en una licitación que al final no se dio. Sumadas, las cuatro sedes tienen más de ese filtro del que la red entera vende en un mes. Pero el sistema que mira el gerente de la norte solo muestra la norte. Así que la norte compra. Y la sur sigue con sus diez semanas, ahora un poco más viejas.

El mismo SKU, tres sucursales

El inventario total de la red alcanza. La distribución, no.

0
días

Sucursal Norte

QUIEBRE

3 clientes esperando

~3
semanas

Sucursal Central

COBERTURA JUSTA

sin margen

se desborda

~10
semanas

Sucursal Sur

EXCESO

capital sin vender

Sumadas, las tres tienen más de lo que la red vende en un mes — pero la Norte compra igual.

El mismo SKU visto desde tres sucursales: quebrado en una, justo en otra, desbordado en la tercera. Sumadas, la red tiene de sobra.

Por qué la respuesta por defecto es comprar de más

Hay una razón por la que el reflejo es siempre pedirle al proveedor y casi nunca mover entre sedes: comprar es un proceso conocido y mover no.

Emitir una orden de compra tiene dueño, formato y sistema. Trasladar producto de la sur a la norte no tiene dueño claro, cuesta coordinar, y a nadie le suman puntos por hacerlo. Ante la duda, se toma el camino que la operación tiene aceitado: comprar. Por eso solo una minoría redistribuye antes de reordenar.

El costo de ese reflejo es doble y casi siempre invisible. Por un lado, el capital que ya está congelado en la sucursal donde sobra sigue ahí, envejeciendo. Por el otro, se suma una compra nueva para tapar el faltante en la sucursal donde falta. La empresa paga dos veces por el mismo producto: una en la bodega que no lo mueve y otra en la orden que no hacía falta. El faltante se convierte en compra, y el exceso, lejos de resolverse, crece.

Hay además un factor técnico que lo refuerza. El ERP guarda el stock de todas las sedes, pero en el momento exacto de decidir la reposición, casi nadie consulta la red completa. Cada sucursal mira su propia pantalla. La información existe; la vista consolidada, en el instante en que se firma la compra, no. Y tener el dato de las cinco bodegas guardado en algún lado no sirve de nada si la decisión se toma mirando solo una.

El costo de tratar cada sucursal como una isla

Nada de esto es gratis, y se lee en las mismas dos líneas que mira la dirección: capital y margen.

El costo de mantener ese inventario en exceso corre, según distintas estimaciones de industria, entre 15% y 25% del valor del inventario al año, sumando almacenamiento, capital inmovilizado y obsolescencia. Y en distribuidoras pequeñas, el inventario en exceso llega a comprometer entre el 20% y el 60% del capital de trabajo.

Cada traslado que no se hizo y cada compra que sí se hizo de más se acumulan ahí.

Y hay un agravante de escala. Mientras más creces en sucursales, peor se pone, no mejor, si cada sede se sigue planeando como una isla. Pasar de tres a ocho bodegas no multiplica por dos o por tres las oportunidades de desajuste: las multiplica por todas las combinaciones posibles de “sobra aquí, falta allá”. La red crece más rápido que la capacidad de verla completa. Y el método que funcionaba con dos sucursales —revisar cada una por su cuenta— deja de escalar mucho antes de que el negocio deje de crecer.

El reverso también es cierto, y es la buena noticia: la red que sí se ve completa tiene una ventaja que la suma de sucursales aisladas nunca alcanza. El mismo inventario, mejor repartido, cubre más demanda con menos capital. No porque haya más producto, sino porque el que ya existe deja de estar atrapado en la sede equivocada. En la práctica, la red bien vista es disponibilidad que ya compraste y que hoy no estás aprovechando.

El inventario total de tu red alcanza. Lo que no alcanza es tu forma de moverlo. Mientras cada sucursal decida por su cuenta, seguirás comprando lo que ya tienes y cargando capital donde no se vende.

No es un problema de SKU. Es un problema de red.

El cambio de fondo no es de inventario. Es de unidad de decisión.

Mientras la pregunta siga siendo “¿cuánto reponer en esta sucursal?”, la respuesta va a seguir siendo comprar. La pregunta que cambia el resultado es anterior y más simple: antes de pedirle al proveedor, ¿este producto ya existe en mi red, en otra sede? Si la unidad de planeación es la sucursal, cada quiebre es una compra. Si la unidad de planeación es la red, muchos quiebres son un traslado que cuesta una fracción.

No se trata de mover todo entre bodegas todo el tiempo; eso tiene su propio costo. Se trata de dejar de ser ciego a la red: de que la decisión de reponer se tome viendo las sedes juntas, no una por una. El producto que te falta esta mañana, muy probablemente, ya lo compraste. Solo que está en la sucursal equivocada.

La pregunta

La próxima vez que salga una orden urgente al proveedor por un faltante, vale la pena una sola pregunta antes de firmarla.

¿Alguien revisó si ese producto ya está en tu red —en otra bodega, sin vender— antes de comprarlo de nuevo?

Porque si la respuesta es “no lo sabemos”, el problema no es tu inventario. Es que nadie está viendo la red completa.

Anastasia es una plataforma de planificación de inventario y compras para distribuidores y mayoristas B2B en México y Chile. Opera como una capa de decisión sobre el ERP existente y proyecta la demanda por SKU a lo largo de toda la red de sedes.

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